Colectivos de trabajo

22/10/2019. Horario: 11:00 am - 12:45 pm


Colectivos de trabajo


Ubicación: APA


Convoca



Presenta: Grupo de investigación “Pie de página. Intervenciones al texto Psicoanalítico”

Los embajadores, Hans Holbein
Hans Holbein

  • Coordinador: Dr. Jorge Canteros
  • Integrantes: Psic. Ana María Rumi (APA – APU), Lic. Laura Katz, Dra. Eva Ponce de León, Lic. Cristina Rosas de Salas, Lic. Agustina Fernández, Dr. Raúl Neumann, Lic. Mauricio Zulian, Lic. Diego Luparello y Dr. Felipe Muller.

Dialoga: Grupo de investigación “Pensar ‘los límites’. De Freud a nosotros. (Clínica, Teoría y Técnica)”

  • Coordinador: Dr. Norberto C. Marucco
  • Integrantes: Lic. Rosalía Álvarez, Dra. Stella Maris Cutain, Dra. Bettina Gómez Piñeiro de Nitsche, Dra. María Ester Hodari, Lic. Marta B. Márquez, Lic. Marta Mellicovsky, Lic. Ana María Menescardi de Pinto, Lic. Ruth Ini de Mochulske, Lic. Raquel Mugrabi, Lic. Nora Onofrio de Serrano, Lic. Cristina Rosas de Salas, Lic. Eva Rotenberg, Dr. Edmundo Saimovici, Dr. Raúl Tebaldi, Lic. Ana Terán de Corniglio, Dr. Rodolfo Urribarri, Lic. Alejandra Vertzner Marucco.
  • Conduce: Lic. Agustina Fernández

Tema: El encuentro con lo inexorable y la “propuesta” del psicoanálisis del “qué hacer con eso”

Mi sistema de interponer notas al pie de página, de digresiones y paréntesis, es una aplicación concienzuda de la teoría que tengo de que el cuento (como la música) escuchado con desatención se graba más” (Macedonio Fernández (1941)).

“Las citas en mis obras, son como los ladrones emboscados en las calles, que asaltan con armas al caminante y lo aligeran de sus convicciones” (Walter Benjamín (2014)).

1. Sobre el objeto y el método de investigación

Se trata de un trabajo de lectura de los textos freudianos siguiendo las márgenes, los bordes, en los que Freud va volcando una parte, sin embargo central, del recorrido de sus descubrimientos. Estos conceptos supuestamente laterales, si bien no son suficientemente resaltados por el carácter de “fundamentos” que se le otorgan a los conceptos metapsicológicos, marcan una línea “subyacente” al pensamiento freudiano que recorre toda su obra. A su vez, éstos son los que dan contexto y criterio al abordaje clínico y a la dirección de la cura.

Estos “bordes” establecen, si se quiere, el Ercila y el Caribdis, donde transcurre el estrecho de la vida del hombre, de sus malestares y de sus goces. También de la clínica, que va del “síntoma” a lo “real de la vida”, del “malestar neurótico” al “infortunio corriente”, no entendiendo por “real” a la “realidad representacional”, sino a aquello que “se juega” en todo el transcurso de un análisis y no sólo al final del mismo. En todo análisis nos encontramos con la angustia “neurótica” y con el Infortunio “corriente”. Es ese camino, ese recorrido, presente en la producción del Psicoanálisis y en la teorización de la clínica, el que nos interesa seguir en nuestra investigación.

2. El encuentro con lo inexorable

El registrar esos “bordes”, esos ” límites” del camino, en la teoría y en la clínica freudiana, nos lleva a ubicar algunas de las nociones que parecen ser más visibilizadas en la segunda tópica. Sin embargo, ¿podemos adjudicar a la “pulsión de muerte” aquello que, con el nombre de “pulsión” y de “muerte”, nos sitúa en el “núcleo”, en el carozo de la vida del hombre y en lo real de su infortunio? ¿Podemos nominar a esto lo inexorable de la vida, en tanto queeso no cesa y que es a su vezlo imposible en tanto no deja de no inscribirse?

Esto nos lleva a sostener que estos conceptos de “inexorable” y de “imposible” implican la presencia de la noción de lo “real” en la teorización y en la clínica freudiana. Aquella que ubicamos, seguramente con sus diferencias, en la teoría y en la clínica lacaniana.

Hemos ido indagando ese “real” que toma en la obra de Freud distintos nombres: inexorable, imposible, roca de base, ombligo del sueño, la Cosa en tanto das-Ding, Apremio de la vida, Ananke, trauma, entre otros, que hacen a un constituyente esencial de la teoría y de la clínica freudiana. Es allí, en la clínica, donde se trata de ubicar lo singular en cada vida y en cada análisis de ese real. Se trata más bien de un encuentro con lo real, con aquello que hace marca en esa historia.

El encuentro con lo inexorable, es necesario decirlo, implica el encuentro con el límite letal, que trasciende la prohibición supuesta al Padre, en tanto límite simbólico al “sujeto”, para ver allí, detrás de esta ley del padre, a la ” calavera”, como la advertencia de la “presencia” de lo real en cada uno como tope, en tanto “ser viviente”.

¿Cómo localizar ese encuentro y sus efectos?

Entendemos que para abordar esto y su presencia en la teoría y en la clínica, es necesario seguir un modo de lectura que proponemos llamar “A pie de página”[1].

¿Por qué es necesario para abordar el estudio de lo inexorable este modo de lectura que consideramos propio del psicoanálisis? Se trata de un enlace entre las “asociaciones libres” de la clínica y las “asociaciones externas” presentes en la cultura. Freud da testimonio de ello en sus casos clínicos y en sus escritos teóricos y que constituye a su vez el método de investigación que tomamos como nuestro en Pie de Página.

Asi lo expone en La elección del cofrecillo (1913)

“Ahora bien, Shakespeare no inventó el oráculo de la elección del cofrecillo, sino que lo tomó de un relato de la Gesta Romanorum. Y agrega: “Así, pues, resulta que nuestro pequeño problema nos ha conducido de nuevo a un mito astral. Pero no podemos dar por terminada con esta aclaración nuestra labor investigadora. No compartimos, en efecto, la opinión de algunos mitológicos, según los cuales los mitos fueron leídos en el cielo. Por el contrario, juzgamos más bien, con Otto Rank, que fueron proyectados en el cielo después de haber nacido en otro lugar y bajo condiciones puramente humanas. Y este contenido humano es lo que en ellos nos interesa”.

En nuestro recorrido hemos ido explorando la presencia de estos conceptos en la obra freudiana, en particular en algunos de sus textos, en los que ubicamos lo que podríamos considerar tres “casos” de los cuales presentamos algunos avances en Córdoba, Lima y en el simposio de APA durante el 2018.

Esta vez haremos nuestra presentación en Colectivos de Trabajos en calidad de informe de avance de nuestra investigación en torno a dos puntos:

  1. “El encuentro del hombre con lo “inexorable”, con lo “imposible”, como uno de los nombres que da Freud a lo podemos nominar lo “real” en su obra.
  2. Los efectos de toparse con lo inexorable y lo que podemos nominar la “propuesta freudiana” de “qué hacer con eso”.

En este “Encuentro con lo real”, como en todo “encuentro traumático”, se recorren tres momentos lógicos:

  1. El encuentro con lo inexorable, en tanto “límite letal” -diferente del encuentro con el “límite simbólico de la Ley- implica un “encuentro traumático”.
  2. Este encuentro produce el acceder a los efectos de un “saber”, que parte de una “captación lógico- imaginaria” de la muerte en la propia persona, y se dirige a una “lógica de un saber-hacer”, más que a una “elaboración simbólica” de este ” límite inexorable” .
  3. Sin embargo, según Freud y esto es lo sorprendente, se produce allí una otra cosa. El encuentro que daría lugar a un saber de la muerte en el sujeto propio, produce, a su vez, a su “desmentida” y a una ” escisión del “yo” y del “objeto” para poder sostener allí un “aún así”. La pulsión más que el deseo toma aquí un lugar predominante.

Es ese “saber hacer con eso” lo que nos interroga en esta presentación.

Para ello, recorrimos tres “casos” de los que aquí sólo podremos dar cuenta brevemente:

Primer caso: El Rey Lear

En el caso del Rey Lear nos preguntamos por el encuentro con lo real de la muerte como “límite letal” que, en tanto “real”, ha desbordado el “poder de un Rey”, representante, si los hay, del poder simbólico. A su vez nos encontramos en este caso con lo “fallido” de su “saber hacer” con ese ” límite letal”. La propuesta freudiana es que el hombre mayor necesita reconciliarse con la muerte desmintiéndola para poder “aún así” lograr cierto goce.

Freud dice en La elección del cofrecillo:

“Una sabiduría eterna, con el ropaje del mito primordial, aconseja al hombre anciano renunciar al amor, escoger la muerte, reconciliándose con la necesidad del fenecer”. (pág. 317)

Dice Indart en “Alienación y Separación, Dos operaciones freudianas” (1992)

”Tiene que decidirse; debo elegir entre una cosa u otra en ese conflicto entre la exigencia de la pulsión y el veto de la realidad objetiva “. (Pág. 79) Y sigue”… toda esta serie e problemas sobre el peligro real, veto, función de límite, imposible, ¿cómo puede eso subjetivarse?, ¿cómo puede inscribirse?, inclusive con algún efecto causal, ¿cómo se incluye en el aparato psíquico?… (Pág. 95)

Ese tiempo tendrá distintos momentos a lo largo de la vida, y ellos la desmentida permitirá que se produzcan las operaciones de “torsión” de la pulsión y el “traslape” del inconsciente, que permitirán, aún sabiendo del límite letal, poderlo desmentir en parte para poder sostener cierto goce.

¿Con qué se encontró Freud leyendo a Rey Lear? ¿Qué vio allí y qué lo interrogó? ¿Se trata del encuentro que tiene el mismo Freud con lo inexorable?

Dice Freud sobre el motivo de la elección: “Con profundo descontento notaremos cuán incomprensibles se vuelven las situaciones consideradas… La tercera de las hermanas debía ser la diosa de la muerte, la muerte misma… ¿Puede concebirse una contradicción más completa? Sin embargo, acaso hallemos ahí mismo esa inverosímil contradicción mayor. Y en verdad ella existe, pues en nuestro motivo, eligiéndose libremente entre tres mujeres, la elección siempre recae sobre la muerte; y nadie elige la muerte, de quien se es víctima por una fatalidad”.

Es en la tercera (…) donde esos mitos articulan estrictamente el carácter inexorable. No el carácter de la disposición eventual que habría en todos hacia la muerte, ni el carácter de sorpresa o accidente con que eso puede ocurrir; sino que la tercera es la que quiere decir ley, ineluctable (Indart)

Freud (1913) dice: “La creación de las Moiras es el resultado de una intelección que advierte al ser humano que también él es parte de la naturaleza, y por eso está sometido a la inexorable ley de la muerte. Contra ese sometimiento algo tenía que rebelarse en el hombre, quien sólo con disgusto extremo renuncia a su excepcionalidad”.

Afirma Indart: “Son las Moiras en sus distintas articulaciones vinculadas a la temporalidad y la muerte (…) Hay una dimensión de la ley sin sujeto, que es lo que Freud puede pensar como ley natural y vinculada, por los temas de la temporalidad, a que esa ley es una ley que algo de real tiene por su articulación de un imposible”. (pag 18)

El recorrido de Freud nos muestra que allí donde podemos ubicar un caso singular hemos, a su vez de ver allí un modo de respuesta a aquello que a su vez forma parte de un “para todos”. Lo singular es lo que hace cada uno con esa ley, que como la muerte, es para todo hombre y cada uno, cómo cada cultura encuentra su modo singular de responder a esta ley ineludible.

Lo sorprende que hay una articulación entre el deseo y lo inexorable porque justamente lo inexorable es lo que está más allá, es el tope al deseo. Y acá el deseo “elige“ lo inexorable.

¿De qué se trata esta elección?

¿Hemos llegado al gran problema que nos plantea este artículo, que el deseo elige allí donde lo inexorable no deja opción?

Dice Freud: “Esta misma consideración nos resuelve el problema de la procedencia de la elección en el mito de las tres hermanas. En esta circunstancia cumple de nuevo una inversión optativa. La elección sustituye a la necesidad, a la fatalidad. Y así, el hombre supera la muerte, que su pensamiento ha tenido que admitir. No puede imaginarse un mayor triunfo de la realización de deseos. Se elige allí donde en realidad se obedece a una coerción ineludible, y la elegida no es la muerte espantable y temida, sino la más bella y más codiciable de las mujeres”.

En tiempos del encuentro con el límite letal, la desmentida

“Freud encuentra algo nuevo aquí como mecanismo vinculado a la división subjetiva -no estamos en la mecánica de la represión situada en su lugar originario conceptual, que es la lógica del significante, y la represión como suposición de un significante reprimido: Teoría de la alienación-, el tercer elemento nuevo que es el esbozo de una lógica diferente.

  1. Lo nuevo es esa escisión del Yo.
  2. Qué ingenioso, no lo puedo creer, escisión sin represión.
  3. El esbozo de una lógica diferente.

Sólo pasando por una desmentida en relación al límite real, puedo volver a dirigirme hacia la satisfacción. Pero ya no hay un camino directo. Y demostraremos fácilmente que basta para indicar que esa satisfacción ya no es la que fue vetada por lo real, es distinto. Porque esto viene efectivamente de los efectos de este peligro real, la flecha al revés. Los caminos de la pulsión hacia la satisfacción, tendrán correlativamente algo que Freud llama angustia, fobia; algún síntoma que indica que se va a inscribir con transformaciones sintomáticas el veto real en toda relación del sujeto en la búsqueda de la satisfacción” (Indart, Pág. 92)

Segundo caso: Reik

En “Confesiones de un psicoanalista”, Reik (1949) da testimonio de su análisis con Freud. Relata Reik:

“De pronto caí enfermo. Tenía accesos de mareos, vómitos y diarrea. Recuerdo que la primera sensación de este tipo me sorprendió cierto día al abandonar el sanatorio, después de visitar a mi esposa” (Reik, 1949, Pp. 207)

“Esta dolencia se había prolongado durante unos cuantos meses antes de que la mencionara casualmente a Freud. Me dijo que no creía que mis padecimientos tuvieran que ver con una angina de pecho porque era demasiado joven para padecer esa enfermedad.

(…) En una ocasión anterior le había mencionado que pasaba casi todo el tiempo libre cerca de su lecho en el sanatorio. Había percibido su mirada de soslayo y le había oído decir: “Quizás eso no sea muy bueno. Quizás sería mejor quedarse solo un momento, algo así un cuarto de hora, y luego ir a otra parte, y volver al cabo de un tiempo para permanecer junto a ella sólo durante unos instantes”. Quedé atónito y no pude entender qué quería decirme. (Reik, 1949, Pp. 209)

“Fue mucho más tarde cuando utilice las vacaciones para visitar a Freud, que entonces vivía en una casa de campo que había alquilado en los suburbios de Viena. Allí lo vi unas cuantas veces. (…) estirado en el diván, dejé que mis asociaciones surgieran libremente …hable de la enfermedad de mi mujer y mi relación con ella… Le hable da Freud de mis temores con respecto a los peligros de la relación sexual con Ella (…) y le describí el conflicto en el que me encontraba… había conocido una muchacha, muchos años menor que yo, me atraía de múltiples maneras, no solo sexualmente …pero uno no puede divorciarse de una mujer que está gravemente enferma.(Reik, 1949, Pp. 210)

…En la última sesión antes de mi regreso a Berlín. Freud no había dicho casi nada durante esa sesión …

Casi al final de esa última sesión, escuché por primera vez su voz baja pero firme. Dijo sólo unas pocas palabras. Se trataba de una sencilla pregunta, pero su eco resonó en mi durante mucho tiempo.

“¿Recuerda usted la novela El asesino de Schnitzler?

Pero entonces ocurrió otra cosa: durante un segundo-y sólo durante ese segundo- un súbito y leve mareo, de intensidad apenas necesaria como para sentirlo, nada comparable a la sensación de los ataques, sólo una alusión a la sensación de los ataques, sólo una alusión a la sensación, el eco de una melodía familiar: Me oí a mi mismo decir: “Ah, ¿es eso?” (Reik, 1949, Pp. 211)

Freud había dicho al final de la sesión, algo sorprendido: “lo había creído más fuerte”.

Tercer caso: El sueño de Freud que anticipa una historia

Ahora encontramos en “El sueño de la Inyección de Irma” la operación de Freud de “una cierta “desmentida””: Ojalá “sea” Otto, o mejor, “es” Otto, el responsable de la enfermedad de Irma y nos ofrece un sueño propio para ver cómo se enlazan en él , los registros de lo real – la ” garganta” como la “carne” , el revés del ” rostro”, como la califica Lacan , que permite alojar allí los goces que no alcanzan la palabra y en el que se enlazan los goces parciales que recorren los cuerpos de Irma, Emma, Freud, Fliess y ,a su vez, las miradas, las prácticas médicas donde los goces de un tocar tuercen la mirada que ejerce el Super Yo -culpa y responsabilidad- que Freud recorre en aquella referencia que nos da en su apartado “Sexualidad y Muerte” de Psicopatología de la vida cotidiana.

Pero allí, en el mismo sueño, está lo que creímos entrever en la fórmula de la “Tremitelamina” TMA , el origen sexual de la histeria, y a su vez, con su presencia hipernítida, el logro de Freud, no sólo como el descubridor de la teoría de los sueños, como allí asume, si no, también, el del “origen de la sexualidad” -valla tupé- ¿No hay allí un atisbo de un anudamiento entre esos constituyentes en una fórmula de la cual es su descubridor, que vislumbra un modo de enlace otro, el de una creación, un invento. ¡Vaya desmentida! De la “acusación de mala praxis” a ser “el creación de la teoría de la sexualidad”. ¿Y no fue acaso así? Qué hace que allí donde el Rey Lear se hunde, ¿Freud se eleva?.

En la “Carta a Roman Roland”, conocida también como “Una perturbación de un recuerdo en la Acrópolis” Freud (1932?) trae una posición del sujeto, la propia, en ese tiempo de elaboración final de Freud en relación al tema. Propuesta conclusivas, las de un recorrido freudiano.

Freud narra allí una experiencia que conmueve su ser, una posición equivalente a los mareos, que acompañan a una conmoción de la posición subjetiva. Algo que se conmocionó ahí, porque algo ya lo había ubicado en otro lugar. Un asumirse en lo personal, “elevarse allí para lanzar su voz”, más allá de todo simbólico, en un “ir más allá del padre”, que no deja de interrogarnos sobre ese “ir más allá” todo lo que eso puntualmente para él representaba. ¿Hacia dónde ha ido Freud y que parece haber dejado en su recorrido.que ha quedado atrás- su padre?- cierto ordenamiento simbólico, pero no todo ordenamiento cultural, sino aquello que se necesita trascender para poder llegar a tener el “coraje” como para llegar a Roma – del que nos ha confesado que le costó mucho poder llegar a Roma y que pudo hacerlo cuando pudo advertir que “al deseo había que sumarle el coraje”- para situarse ahora y poder soltar su palabras desde el púlpito de la cultura, desde la cuna de la cultura misma, desde la Acrópolis. Para advertir allí lo que había alcanzado, como “una declaración la de haber hecho ” algo verdaderamente nuevo con lo suyo” algo nuevo sin encadenamiento y seguramente fue condición para esta posición suya el que estuviera allí su hermano que en tanto testigo podía ayudar a darle cierta realidad simbólica a aquella conmoción en lo real del lugar alcanzado. Saber haber podido crear una nueva discursividad, la del Psa, que sin desconocer historias y orígenes, necesitó desanudarse para hablar en nombre propio, para estar dando su mensaje, su contribución, y también a un otro al que entrega como regalo su carta, que es el mensaje de su vida, donde tal vez, también ahora como un par de Romain Rolland a quien la dirige su carta ha asumido que, como Romain Rolland, él es también uno los Grandes Hombres.

En el tiempo de concluir, algunos interrogantes sobre: La posición del analista frente al “saber hacer con eso” del paciente

La “propuesta freudiana” creemos que puede advertirse en las pocas pero relevantes intervenciones que realiza Freud en las sesiones que nos relata Reik. Cada una de ellas denota la posición del analista frente a las posibilidades o dificultades de un saber hacer del paciente.

La posición que asume Freud es llevarlo a Reik a enfrentarse con el límite letal, pero no con la idea de su muerte imaginarizada, sino la de lo inexorable de la salud de su mujer y la posición de sí mismo frente a ella. La referencia a la posición de Reik como traductor de la novela lo lleva al paciente a poder ver su drama afectivo como ineludible y, a su vez, absolutamente humano para lo cual reclama de su fortaleza para soportarlo.

Aquí una observación. Una hipótesis que se nos planteó es si depende de cómo se haya dado la “alienación”, en los momentos constitutivos del sujeto, es decir, si en términos de “sujeción de carácter absoluto”, o del logro de una “alienación un poquito diferente”. Entendemos ésta como la que permita lograr la constitución subjetiva y servirse del padre, pero con un cierto grado de “rebeldía”, de “coraje”, al decir de Freud, de “tupé”, -que no dejó Freud de admirar-, para que la represión que ha de permitir la constitución del sujeto no arranque del todo la potencia de la pulsión. Se nos abre aquí el interrogante acerca de si esta “alienación un poquito diferente” ¡permitirá luego un mejor “saber hacer” en los tiempos del encuentro con el límite inexorable, y una mejor posibilidad de su “devenir hombre”, o “devenir persona “Tema éste de cómo nominar allí al sujeto cuando ha alcanzado este lugar que no implica desde lo social ninguna una relevancia especial.

Transmitir en su clínica “su saber hacer con eso” pero no como ejemplo, como modelo, sino como “apuesta a un hay otra vía”, una otra posición, sin proponerse como referencia personal para la vida del otro. Cuánto hay en ese “saber hacer con eso”, del coraje del Yo (Ego) para ser capaz de su producción personal, creación de anudamiento hecho con los constituyente del goce, de la responsabilidad y de la creación con ellos, en el contexto de los saberes del hacer disponibles en la cultura- escabeles-. Si bien hay un límite letal reconocido, la propuesta está en ver qué hacer con eso, como la propuesta de Freud como propia del Psa, la de “cultivar su jardín” Pero la pregunta “qué cultivar” y la respuesta la encuentra cada uno, y cuál es “su jardín” también. De allí la propuesta va por el lado de reconocer lo real y hacer algo con eso que implique cierta desmentida, o en realidad, tener la madurez de hacer de la vida algo propio y no lo que diga un Otro, en cualquiera de sus formas. Nos preguntamos: Es como entiende el “ser adulto” el Psicoanálisis, tal vez?

“Después del ’76 Lacan dice hacerse hombre y la sigla que utiliza es LOM escritura fonética de el hombre (l’homme) y ha dicho no hacerse hombre sino devenir hombre. …Lomelizarse (por LOM) es la carga de cada sujeto (…)

“…El escabel – por el cual Lacan toma a Joyce – designa el esfuerzo por elevar su persona desde darse una identidad que lo diferencie… Joyce se hace su escabel.

Entonces, el escabel sería el impulso, el esfuerzo para elevar la persona (…)” (Colette Soler)

La posición del analista frente a esto podría ser registrar las “propuestas” o gestos que va presentando el paciente desprendido del Otro y ser así testigo de la apuesta del paciente con los distintos elementos simbólicos- imaginarios singulares que articula con algo de un real en su “construcción”, haciendo de eso otra “realidad”. Un mirarlo o escucharlo tal vez allí como “qué tupé!, en el mejor de los “sentidos”.

Ver con cierto goce -no excesivo- la autonomía, aún relativa del hijo, un modo de instalar la alienación, no a costa de un exceso de renuncia a lo pulsional, sino como una “alienación un poquito diferente”. Nos preguntamos si esta permite un “Ir más allá del padre”, no sin haber hecho uso de él. Lo que implica también “un saber hacer con eso” en tiempos de la alienación, es decir, de la represión y la identificación. “Hay ahí algo verdaderamente nuevo”, al decir de Freud, cuando puede registrar y aceptar una posición de cierto reconocimiento del padre de lo que el hijo hace “más allá” de él. Pero esto no debería confundirse con una posición desmentida del padre que lo lleva a obtener un goce por la omnipotencia de su hijo, lo que aumenta su narcisismo. Acá, en cambio, es su “saber hacer”, el del paciente, frente a la caída del padre. Es en parte rescatarlo en esa creación, pero no para sostener la omnipotencia del padre

¿Qué podrá generarse allí en esa boda de la “torsión de la pulsión”, que parece ser la que comanda este tiempo de separación del ser del Otro, y el “traslape del significante”, que aprovecha ese movimiento de torsión para sumar allí al inconsciente. Pero, nos preguntamos, este inconsciente que se suma a la pulsión, será el mismo que el organizado por el lenguaje o habrá que pensarlo como armado más desde la lalangue, es decir, desde la ” lengua materna”.

¿o se trata de volver a advertir el papel determinante de la pulsión en la creación, pero no sin sumarse el deseo y el amor.

¿Seguirán siendo “pulsión” y “significante”? o tal vez, ” goce” que guarda otro modo de enlace con el lenguaje, no en tanto regido por la línealidad del significante “sino el de “lalangue”, donde los” los anudamientos entre sus constituyentes es distinta a la la producción del ” síntoma” al menos tal como se consideraba el modo de su construcción significante con el goce.

Sin embargo esto no está fuera de la Ley sino que ésta ha tomado el carácter del “límite letal”, la ley de lo real de la vida, eso “inexorable” que llama, por ello mismo, sin embargo, en su encuentro con ella, a la responsabilidad del cada uno en el “qué hace con eso” En esto también será singular qué es “ese encuentro con lo inexorable, el de cada uno.

Eso indica que como Freud lo sostiene a partir del Yo y el Ello, este yo que ha funcionado como “esclavo” de sus tres amos, el Súperyo el Ello y la Realidad externa, ha pasado a un “saber hacer” con sus amos que ,como todo político, tal como Freud lo considera, tendrá que poder hacer negociar a sus tres amos, ya que ellos también habrán aprendido que para sus logros tendrán que ceder a aceptar un “no todo” de cada uno. Se ha pasado digamos de la “metáfora pastoril” a la “metáfora textil” del gobernante en tiempos de la República, según Platón. ¿Estamos entonces hablando de un cambio de discursos en este “saber hacer”?

“¿Qué es el saber hacer? Es el arte, el artificio, lo que da al arte del que se es capaz un valor notable, porque no hay Otro del Otro que lleve a cabo el Juicio Final. Por lo menos, yo lo enuncio así”.

“El Otro del Otro real, es decir, imposible, es la idea que tenemos del artificio, en cuanto es un hacer que se nos escapa, es decir, que desborda por mucho el goce que podemos tener de él. Este goce completamente sutil es lo que llamamos el espíritu”. (Jaques Lacan, El seminario, Libro 23, El sinthome. Paidós, Bs.As., 2006, págs. 59 y 62).

Son algunos de estos temas los que nos convocan a continuar estudiándolos. Creemos que de este intercambio nos llevaremos aportes e interrogantes que nos permitirán enriquecer nuestra investigación.