Grupo Debate: La formación del analista desde una perspectiva contemporánea

21/05/2019. Horario: 9:00 am - 10:45 am


Abierta a la comunidad, Actividad no arancelada, Actividad online y presencial, Grupo Debate


Ubicación: APA


Convoca



  • Presentan: Dr. Alberto Cabral y Mg. Mónica Hamra
  • Conduce: Dr. Miguel Spivacow
  • Introduce y coordina: Dra. Mirta Goldstein

Ejes

  • Devenir analista, devenir de los analistas
  • Lo visible e invisible de la formación
  • Articulación de diversidades en la institución
  • Burocratización, complejización, innovación

Invitados al debate: Ami Socci, Claudia Borensztejn, Fernando Weissmann, Cristina Rosas de Salas, Javiera Marquez.

Dr. Alberto Cabral y Mg. Mónica Hamra
Dr. Alberto Cabral y Mg. Mónica Hamra

Formación y transformación se intervienen mutuamente

Dra. Mirta Goldstein

El movimiento psicoanalítico constituido por innumerables grupos atravesados por divisiones de pertenencia, mantiene, sin embargo, el interés común de la continuidad de la formación de analistas.

Los contextos culturales y lingüísticos locales y regionales, influyen en los modelos de transmisión y de formación.

Para algunos existe una globalidad del movimiento psicoanalítico, para otros, hay una diversificación de autores, de lectores y de transmisores en permanente expansión y cambio.

Pienso que perdemos un tiempo valioso en el afán de dilucidar si el psicoanálisis en lo general y la institución en lo particular permanecen o se desvanecen, si se legitiman o se refutan.

Educar, gobernar y analizar, las profesiones imposibles señaladas por Freud, producen lazos entre los seres hablantes: nadie se educa solo, nadie se analiza solo, nadie gobierna si no hay alguien a gobernar, o sea, son, justamente, las que producen lazos entre particulares y colectivos.

Pero los lazos se transforman porque si mantienen una única forma se agotan y si adquieren infinitas formas se pierden. Por lo tanto, para producir transformaciones se necesita el coraje de atravesar lo que encierra porque uni-forma.

Entonces, el grupo Debates, quiere comenzar a poner sobre la mesa los dilemas de la formación transformadora y de la transformación formativa.

Síntesis del Dr. Alberto Cabral

Formación analítica: experiencia y experimento

Es una intuición compartida que el mejor recorrido libresco es insuficiente para la formación del analista. Esta última requiere de transformaciones subjetivas que habiliten al practicante a conducir futuras curas. Cómo concebirlas, es fuente de controversias. Ogden y Gabbard las han evocado con una bonita fórmula: el recorrido por el cual el analista llega a “hablar con voz propia”. Es claro que no se trata de un recurso desesperado a la fonoaudiología… Lo que está en juego es el proceso de desidentificaciones que permitirá al analista operar como “portavoz” de la palabra inconsciente de su analizante [Lacan], evitando lo que llamaré el “lugar del ventrílocuo”, que “es hablado” por las propias identificaciones edípicas. La posición del creador ilustra que -en algunos casos- la experiencia de vida puede promover la aptitud para pintar, componer o escribir con voz propia. Pero -para el común de los mortales- la cura analítica parece ser el ámbito más adecuado para inducir estas transformaciones. Es por eso que, desde Freud, existe un consenso en jerarquizar la experiencia de análisis como eje articulador del proceso de formación. Es comprensible que haya surgido una tendencia a rodearla de garantías para resguardar su eficacia: es el origen del empuje a su standardización. Me gustaría inscribir este empuje en un marco más amplio: la incidencia del discurso de la ciencia. Voy a tensar, para ello, la polaridad experiencia-experimento. Agamben se ha referido a la “desaparición de la experiencia” como un rasgo epocal. Y subrayó que -contra la opinión habitual- la ciencia moderna nace de una desconfianza sin precedentes hacia la experiencia: Bacon la define como una “selva” en la que pretende poner orden para evitar los extravíos. La certificación científica de la experiencia que se efectúa en el experimento responde a esta pérdida de confianza. Podemos pensar que la promoción de la invariabilidad del encuadre ocupa ilusoriamente el mismo lugar que la estabilización cuantitativa de los parámetros de laboratorio en el experimento científico: es el intento de reducir la experiencia psicoanalítica, con su apertura a lo imprevisto, a la condición de experimento calculable y regulable. Constituye una apuesta a domesticar la experiencia… con el riesgo de esmerilar el filo cortante de su eficacia.

Síntesis de la Mag. Mónica Hamra

Desde los inicios del movimiento psicoanalítico la formación analítica es una problemática que ha llegado a dividir a los analistas, provocando escisiones con la consiguiente creación de nuevas instituciones.

Asimismo, numerosos autores consideran a la formación como el objeto de las instituciones psicoanalíticas, de hecho, gran parte de las mismas se interrogan acerca de cuáles son las mejores maneras de enseñanza y transmisión del psicoanálisis.

Quiero sentar mi posición respecto al tema a debatir: Propongo pensar a la formación en relación a las marcas propias de nuestra pertenencia a la APA y a la IPA

Considero que es la Institución la que define la dinámica de la formación elaborando diseños que faciliten el desarrollo del pensamiento analítico, así como es su función intentar resolver los obstáculos que se presentan en la formación. Esto es devolverle al Instituto la función de centro de enseñanza, en el sentido de un lugar donde se piensa la formación. Ya que lo que se pone juego es como con y desde el psicoanálisis.

Desde esta perspectiva, entiendo a la formación como la práctica analítica institucional que a lo largo del tiempo fue asumiendo distintos diseños conforme a las políticas institucionales imperantes. Antes de la Reforma predominaba la voz única, “el uso distorsivo de un esquema conceptual implantado como mentalidad y forma de vida dominante” que hizo de la Institución un obstáculo para el desarrollo del pensamiento analítico. Con la Reforma se puso en práctica el pluralismo analítico en la formación, que se plasmó en un nuevo diseño que no modificó el análisis didáctico pero si la estructura de los seminarios, instalándose la curricula libre y la libertad de cátedra, que con ciertos cambios se mantienen en la actualidad. Como consecuencia de la Reforma, la Institución sufrió una nueva escisión.

Durante la gestión anterior (2012-2016) se volvió a pensar el diseño de la formación que se practicaba en la Institución. Se observó una dicotomía respecto de la formación permanente de los miembros y de los candidatos.
En el sentido que la actividad científica está organizada de acuerdo a un diseño que se renueva con los cambios de gestión. En cambio, en la formación de candidatos vemos un diseño que fue mayoritariamente elaborado en los 70.
Como resultado se escribieron dos dossier, uno de Instituto y otro de Formación Permanente, ambos discurrían sobre el tema de la formación poniendo el acento en distintas patas del trípode.

Los dos cuestionan una cierta inercia institucional, expresado en la desregulación del didáctico y hacer valer la libertad curricular frente a la libertad de cátedra en relación a los seminarios.

Esos desarrollos fueron realizados en paralelo y parecían enfrentados. Pensamos que es una falsa dicotomía ya que los seminarios y el análisis didáctico comparten los mismos basamentos y articulaciones teóricas.
M. Blanchot sostenía que el analista se presta mas a someter su persona al análisis que a su saber. Pontalis le responde que el emprender un análisis didáctico y el poner en cuestión un saber se aproximan en el hecho de que ambas exigencias postulan un dominio simbólico. Lo que pone en juego la cercanía entre ambas patas del trípode, en cuanto a que comparten una misma materialidad.

Esta reflexión cuestiona la preeminencia del análisis didáctico sobre los seminarios en el devenir analista, aproximando ambas posiciones que asume el analista en su formación, la del lector y la del analizante. Y evidencia la importancia de la formación analítica de los miembros en relación al desarrollo de su pensamiento analítico.

En este sentido devenir analista será el singular entramado que surge como consecuencia de la interacción de los tres componentes del trípode de formación: el lector, el analizarte y el supervisando. Que tienen por resorte el proceso de apropiación, entendiéndose por tal, la forma a partir del cual el saber del Otro/otro se hace propio posibilitando la construcción de un pensamiento analítico. Este proceso de apropiación permite alcanzar la propia enunciación como consecuencia de las distintas posiciones que asume el analista en el transcurso de su formación.