Mesa de diálogo: Banalizar la verdad y el perdón

26/03/2019. Horario: 11:00 am - 12:30 pm


Abierta a colegas de la institución, Actividad no arancelada, Actividad online y presencial


Ubicación: APA


Convoca



  • Invitados: Dr. Alberto Cabral (Psicoanalista), Dra. Solange Camauër (Filósofa) y Dr. Daniel Sabsay (Jurista).
  • Conduce: Dra. Claudia Borensztejn (Psicoanalista).
  • Coordina: Lic. Cecilia Moia (Psicoanalista).

Actividad presencial y online

Dra. Solange Camauër

En 2016 los Diccionarios Oxford –que registran e incluyen cada año las palabras que convocaron mayor interés y que no ‘existen’ en el diccionario- eligieron el término posverdad como ‘palabra del año’, en 2017 la frase elegida fue ‘fake news/noticias falsas’. En 2018 y, tal vez, como sinónimo del clima incierto y desesperanzado que el mundo atraviesa, la palabra elegida fue ‘tóxico’. Los términos explican diversos fenómenos en torno a la verdad: la dificultad histórica de definir el concepto, la resignación humana respecto a la posibilidad de establecerla, el desinterés por postular un verdad única, universal y necesaria muchas veces asociada a un fundamento, el clima nihilista de la sociedad contemporánea, la prevalencia de las emociones y prejuicios frente a la razón, la dificultad de luchar contra los ‘gestores’ de la verdad –medios, redes, política-.

Nietzsche marca un hito de ruptura en la historia filosófica que intenta encontrar la verdad porque visibiliza con perspicacia la imposibilidad de establecer una correspondencia nítida entre discurso y ‘hechos’, entre comprobación y comprensión. Ahora bien, esa imposibilidad no debería provocar resignación o banalización, por el contrario, porque la cuestión de la verdad (aun imposible) es un asunto ético y político que signa el destino de los humanos que saben que eso que llamamos realidad es un asunto que excede los hechos.

Dr. Alberto Cabral

El “frenesí reconciliatorio” que parece recorrer muchos países de A.L. se inscribe en la perspectiva del “perdonismo” (C.Magris), que degrada el perdón a una suerte de “tic mediático”. Mi impresión es que esta trivialización (prefiero este término al de banalización, que utiliza la convocatoria) del perdón cabalga a su vez sobre una confusión (inadvertida? interesada?) entre el espacio público y el privado. El Estado puede tener sus razones (históricas, políticas) para amnistiar o impulsar reconciliaciones en la esfera social. Pero hay un ámbito (el privado) en el que si se inmiscuye, comete excesos. Es el ejemplo de Antígona, y -más próximo- el testimonio conmovedor de la mujer sudafricana que, confrontada al torturador y asesino de su esposo en el marco de los procesos de Verdad y Reconciliación, concluye: “No estoy preparada para perdonar”. Incorporar la categoría de lo imperdonable permite incluir un límite que no se sostiene necesariamente en el resentimiento ni en conflictos neuróticos no elaborados (como sostiene J.Kristeva). Tampoco en una inconsistencia ética, como sugiere el filósofo estadounidense Ch. Griswold, que caracteriza al perdón como una “virtud moral”. Es por eso que testimonios como los de M.Dopazo (exM. Echecolatz) nos interpelan como analistas. Cuando concluye su alegato sosteniendo, respecto a su padre biológico: “No le concedo el derecho a ser mi padre”, da cuenta de una posición ética que la aleja de la moral patriarcal del rebaño.

Dr. Daniel Sabsay

Esta problemática se le presenta al derecho luego de concluida la Segunda Guerra Mundial, si bien es cierto que podrían encontrarse antecedentes más lejanos. Se trata de encontrar sustento a la persecución y castigo de los criminales que habían cometido hechos atroces que no tenían un encuadramiento previo. La solución surgió de la celebración de tratados internacionales y regionales dentro del sistema de Naciones Unidas y de los órganos supranacionales a nivel continental, respectivamente. Así, nacen los delitos de lesa humanidad que se ven caracterizados por ser realizados sin la menor consideración del número de víctimas que podían producir y como producto del odio contra personas indefensas. A ello se suma otros dos caracteres, que son imprescriptibles e inamnistiables. Su brutalidad es tal que se considera que han sido efectuados contra toda la humanidad, no sólo contra las víctimas directas. El tiempo no purga las penas, no prescriben, tampoco pueden ser objeto de perdón. Cabe preguntarse si estamos frente a una forma de banalización de la verdad y el Perdón. Por lo menos desde la construcción no sólo esto no es así, sino que están dirigidos a impedir que esto ocurra.

Otra modalidad de lucha contra la no judicialidad de los hechos cometidos durante dictaduras son las denominadas cláusulas de defensa de la democracia. El artículo 36 de nuestra constitución apunta a su vigencia aun cuando ésta se interrumpiere por un movimiento de fuerza. Sus responsables quedan inhabilitados para ejercer cargos públicos.